15M. REFLEXIONES DE UN MOVIMIENTO

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En tiempos de crisis…. Sí, lo se; Estamos hartos de leer la misma historia. Y es que, en estos últimos años no hemos dejado de vez frases como ésta encabezando los artículos de nuestros periódicos, los titulares de los telediarios, las habladurías de nuestros políticos y mucho peor; poniéndolas en boca de casi la totalidad de la población española y haciendo mella en variedad de conversaciones cotidianas.

Creo que he hemos llegado a un punto en el que la teoría se nos queda corta, en el que el entendimiento y la comprensión de la crisis por la que estamos pasando no basta para poner punto y final a esta situación. Nos estamos sumiendo en el inconformismo conformista; en la satisfacción de haber subido un único peldaño en la escalera al cielo.

Éste no deja de ser otro de tantos artículos sobre la crisis; no dice nada nuevo, ¿O sí?  De todas formas pretende hacer hincapié en un aspecto que todavía no ha llamado a la puerta cognitiva de muchas personas. Fluiré con mis teorías, sean apropiadas o equívocas, sobre el concepto de este ciclo, de este viaje que atravesamos y de aquella brecha que juntos podemos convertir en el portal divisorio entre lo terreno y lo etérico.

Seguramente muchos de vosotros intuiréis por dónde van los tiros, pero si tú todavía te preguntas que tiene que ver esto con la crisis economía o política, entonces es aconsejable que continúes leyendo porque no has entendiendo NADA.

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15 M.

Denominado también movimiento de los Indignados, este término fue acuñado el 15 de Mayo de 2011, cuando parte de la población Madrileña acampó en la puerta del Sol en solidaridad con los, violentamente desalojados, ciudadanos catalanes.  Reivindicando promover una mejora en el sistema democrático y una mayor participación por parte de los ciudadanos, este gran punto de inflexión en la historia de España hizo temblar los cimientos de un muy asentado bipartidismo político y otras instituciones como la banca, que venían imponiéndose de manera autoritaria años atrás.

Hasta aquí, estoy segura de que a todos nos estremece el mismo sentimiento heroico que se respiraba los primeros días del Movimiento. Pero este idílico puente hacia una forma de Estado y sociedad más próspera, empezó a tambalearse precipitando al vacío sus primeros ladrillos.

Indignados; esta palabra comenzó a hacerse eco allá dónde fueras. Pero como en todo grupo, siempre hay discrepancias a la hora de afrontar la perspectiva de los hechos. Así, con el paso de los días empezamos a apreciar la finísima línea que separaba la visión de los miembros rebeldes y de los pacifistas; algo que propició la brecha que otros terminarían de resquebrajar.

Me mojo si digo que reniego del primer método y apoyo el segundo, ya que considero que con estados negativos para el espíritu como son el odio, la ira, el rencor o la negación, sólo obtendremos un resultado parejo a su esencia y por consiguiente contraproducente. Por otra parte aplaudo la participación pacifista de aquellos esperanzadores, quienes aplacaron dicha perspectiva por una más progresista. Una visión que se convirtió en el motor impulsor del cambio. Del verdadero cambio. Porque detrás de cada paliza recibida, siempre había una mente en funcionamiento; una lucha intelectual que trataba de buscar soluciones efectivas lejos de cualquier enfrentamiento físico e innecesario.

Si no fuera por la persistencia de éstos, el Movimiento habría quedado a merced de vándalos y macarras que aprovechaban el revuelo para saltarse la escuela, destruir, pelarse, o en definitiva, para expresar su malestar individual liberándolo negativamente en representación al colectivo; Escusa perfecta de la que se beneficiaron rápidamente los medios de comunicación para acallar a las masas y respaldar al sistema político.

Se empezó a censurar información y el Movimiento empezó a perder consistencia y adeptos, dejando la imagen deplorable de aquellos que la ensuciaban con sus actos. Otros temas de conversación ya flotaban en el ambiente cotidiano de los ciudadanos y el punto de mira de la gente volvió a centrarse en su rutina y quehaceres diarios. Ya nadie predicaba con el ejemplo.

Mientras tanto la esencia primordial del 15M se convirtió en humo y terminó disfrazando su estructura con una careta política; Una institución que en su día fue el foco del conflicto y  la cual, secundadas por los medios, logró aplacar nuestra fiebre con la misma medicina

Surgieron nuevos partidos políticos que encabezarían la representación del colectivo Indignado. Maravilloso… Retornamos al punto de partida…

En fin… Pese a todo, me alegra seguir pensando en la esencia y la acogida de la revolución, así como en la esperanza que la gente depositó en ella.  Porque, ¿Quién iba a pensar que de la noche a la mañana se alzaría una oleada voces, pensamientos, opiniones, sentimientos…exigiendo sus derechos? Una rebelión que se expandió cual gota de espuma en el agua y que, gracias a ese primer salto al vacío por parte de unos pocos, innumerables sentadas se levantaron por todo el país, arropadas por la solidaridad de miles de conciencias españolas unidas por un mismo fin. Por primera vez, la gente despertó de su letargo y dejó sus miedos aparcados en casa para tomar las calles y apoyarse los unos en los otros contra toda autoridad.
Ese es el principio de la llamada unidad; la unidad hace la fuerza y la fuerza, con nuestra esperanza incondicional, será quién nos lleve a la victoria.

Quizá ese fuera el problema. Quizá la clave no residía en el empeño inicial, sino en la constancia y consciencia de nuestros actos, que fue aquello que perdimos por el camino en tantas y tantas manifestaciones. La revolución no está en las calles; está en nuestras mentes. Unamos nuestras conciencias para dar forma a la mayor manifestación que este país haya vivido. Seamos los primeros que prediquemos con el ejemplo de aquello que anhelamos; Porque no podremos cambiar el mundo sin antes habernos cambiado a nosotros mismos. No podremos crear una unión que sea pura sin que cada átomo de esta célula funcione por y para la misma causa. Sin que todos estemos sanados interiormente y, de corazón, reivindiquemos aquello que es justo, desde nuestra humilde percepción interna, no lograremos EL CAMBIO.

La catarsis social más significativa del siglo XXI está viva y empiezan a germinar  las conciencias creativas, transformadoras y solidarias sin movimientos políticos que las identifiquen.

NO ESTAMOS ANTE UNA CRISIS POLÍTICA, SOCIAL O ECONÓMICA, ESTAMOS ANTE UNA CRISIS DE CONCIENCIAS.

Beatriz Iglesias García